martes, 26 de julio de 2011

Diez Mil Onzas De Oro.




En el reino de Qi vivía un tal Dongguo Chang quien tenía la costumbre de expresar en ata voz sus muchos deseos. Una vez dijo que le gustaría poseer diez mil onzas de oro. Uno de sus discípulos le preguntó si podría ayudarlo en caso de que sus deseos se realizaran.
- No – le contestó – necesitaré ese dinero para comprarme un cargo oficial.
Sus discípulos se indignaron. Todos lo abandonaron pasándose a reino de Song.
Por haberse apegado demasiado a lo que aún no poseía, perdió lo que tenía.

sábado, 23 de julio de 2011

EL Señor Ye Amaba los Dragones




Al señor Ye le gustaban tanto los dragones que los tenía pitados o tallados por toda la casa. Cundo se enteró el verdadero dragón de los cielos, voló a la tierra y metió su cabeza por la puerta de la casa del señor Ye y su cola por una de los ventanas. Cuando el señor Ye lo vio, huyó asustado, casi se volvió loco.
Esto demostró que el señor Ye, en realidad, no amaba tanto a los dragones. Sólo le gustaba aquello que se le parecía, pero en ningún caso el auténtico dragón.

miércoles, 20 de julio de 2011

El Cochero Vanidoso




Un día Yan Zi, Prime Ministro del Reino de Qi, salió en su carroza. La mujer de su cochero, desde el portal observó cómo su marido, engreído y presumido, conducía los cuatro caballos desde el pescante. Cuando el cochero regresó a casa la mujer le dijo que quería abandonarle.
El marido pregunto el porqué-
-Yan Zi es Primer Ministro de Qi – repuso ella-. Es famoso a través de todos los reinos. Pero hoy lo vi sumido en sus pensamientos y sin darse aire. Tú eres un simple cochero; sin embargo te das gran importancia y estás muy satisfecho de ti mismo. Por eso te quiero dejar.
Desde entonces, el marido se comportó con modestia. Cuando Yan Zi, sorprendido, inquirió el motivo de este cambio, el cochero le dijo la verdad. Entonces Yan zi lo recomendó para un puesto oficial.

El hombre que no vio a nadie.



Había una vez un hombre en el Reino de Qi que tenía sed de oro. Una mañana se vistió con elegancia y se fue a la plaza. Apenas llegó al puesto del comerciante en oro, se apoderó de una pieza y se escabulló.
El oficial que lo aprehendió le pregunto: - ¿Por qué robó el oro e presencia de tanta gente?
-Cuando tomé el oro –contesto-, no vi a nadie. No vi más que el oro.